Watunakuy, encuentro de encariñamiento con la semilla para vivir bonito

El Watunakuy es un espacio de retorno a los centros ceremoniales y de reencuentro para tomar conciencia que somos parte de un gran tejido donde las deidades, la naturaleza y los humanos estamos conectados. El no reconocer esta conexión ha generado la crisis climática y de valores que se vive actualmente, y son los niños, niñas y jóvenes los llamados a revalorarla.

Alrededor de las seis de la tarde, el sonar de los pututos convoca a niños, niñas, jóvenes y adultos a reunirse en la plaza principal de la huaca Puruchuco, es el momento de darle la bienvenida a la Mama Killa (Luna). Su brillo comienza avizorarse en el cielo nublado al este de Lima gracias al llamado respetuoso de los maestros espirituales —dirigidos por Hipólito Peralta—  y el cariño de los asistentes, haciendo posible que el cielo se despejara para conversar con ella y darnos su energía durante toda la noche de velación a las semillas.

Mama Killa sobre el complejo Arqueológico de Puruchuco. / Graciela Ramirez

Con esta buena seña, el 1 de diciembre se dio apertura al primer Watunakuy en la ciudad de Lima, un encuentro sagrado de agradecimiento, que nos permite mantener viva nuestra memoria colectiva y nuestra espiritualidad, y, lo más importante, es que nos permite preservar la diversidad de semillas con sus saberes de crianza y retejer nuestras relaciones comunitarias.

Encuentro de encariñamiento

Watunakuy es una palabra quechua que puede entenderse como anudar lazos entre las familias, las comunidades y los pueblos a través de visitas de encariñamiento y aprendizaje mutuo (1).

Comunidad reunida recibiendo la energía del sol para revitalizar la armonía durante el primer Watunakuy en Puruchuco, Lima./Graciela Ramirez

El Watunakuy es una costumbre milenaria de reencuentro, que convoca a personas de diferentes pueblos para el intercambio de la diversidad de semillas en centros ceremoniales prehispánicos (huacas) y regenerar la cultura, los saberes de crianza y tradición ancestral recibiendo la energía de los Apus, de la Pachamama (Madre Tierra), del Tayta Inty (Padre Sol), de la Mama Killa (Madre Luna) y de las deidades, para volver a caminar en armonía en un buen vivir. 

Esta fiesta-ritual de la tradición andina ha sido retomada desde hace 12 años por las comunidades de Queromarca y Raqchi de Cusco con el acompañamiento del Centro de Promoción y Sabidurías Interculturales- CEPROSI, a cargo de la dirección de Elena Pardo, y se realiza en el mes de junio, mes del Solsticio Ritual Andino. Comuneros y visitantes vienen de diferentes lugares y realizan una peregrinación, danzando, meditando, cantando, riendo con el corazón hacia el complejo ceremonial de Raqchi, lugar sagrado de la deidad de Wiraqucha, una vez ahí, esperan la salida de la luna y la puesta del sol al atardecer.  Este ritual permite la revitalización del ánima de la semilla para que haya una buena cosecha. Pero además permite volver a conectar a los niños, niñas, jóvenes, adultos y mayores con nuestra sabiduría ancestral y la espiritualidad para animar y retornar a las tradiciones propias de nuestras culturas originarias.

Volver a los centros ceremoniales

Tenemos el privilegio de contar con una diversidad de complejos ceremoniales (huacas), muchos de ellos son preservados por instituciones del Estado y organizaciones internacionales solo por su valor histórico y complejidad arquitectónica, sin embargo, mirarlas desde estas perspectivas nos aleja de su verdadero sentido. Según indica el profesor Julio Valladolid del Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas (PRATEC), “estos son centros ceremoniales, donde nuestros antepasados se reunían para la contemplación, la reflexión sobre la vida y la conversación con los astros, incluso su diseño se encuentra vinculado a esta relación que establecían los humanos con los astros, a quienes consideraban personas vivas”.

Apertura del primer Watunakuy/Nieves Vargas

Es así como el Watunakuy también nos permite retornar a nuestros centros ceremoniales para reencontrarnos y reconocernos como parte de un gran tejido donde las deidades, el sol, la luna, la madre tierra, la naturaleza y los humanos estamos todos conectados.

“El Watunakuy es un espacio sagrado del año, pero del año agrícola, y es muy importante porque regresamos nuevamente a los lugares sagrados. Para nosotros más que centros arqueológicos son centros ceremoniales y es tan importante volver aquí a estos lugares porque fueron construidos con un propósito y ese propósito es que los humanos el sol, la mama Killa, las estrellas, nuestros antepasados nos volvamos a reencontrar, ¿para qué? para darnos energía y entre todos seguir criando la vida, y la vida a través de la semilla. Sin las semillas es imposible seguir viviendo, porque la semilla es la que nos entreteje a todos, sin la semilla no hay vida, por eso es tan importante volver a estos lugares sagrados”, señala Elena Pardo.

Altar de las semillas./Graciela Ramirez

La infancia y juventud

Abrir estos caminos para revitalizar nuestras tradiciones ancestrales es una iniciativa de los adultos, siempre compartiendo, integrando y enseñando a las nuevas generaciones, para que niñas, niños y jóvenes continúen abriendo estos caminos para la semilla.

Niños de Cusco acompañando la ceremonia de apertura del Primer Watunakuy

“La participación de los niños y jóvenes van a regenerar la vida, por eso es tan importante su fuerza, su luz, su energía, su vigor. Entonces entre adultos y niños nos contagiamos esa energía para seguir despertando estos lugares (centros ceremoniales-huacas) y tenemos que hacer muchos esfuerzos para volver aquí”, menciona Elena Pardo.

En cada Watunakuy realizado en Cusco, la presencia de niñas y niños y juventudes es vital pues son ellos los que continuarán manteniendo viva la memoria colectiva y las tradiciones, participando en estos espacios. Así también, durante el primer Watunakuy realizado en Lima, jóvenes entusiastas de diferentes partes del país llegaron a Puruchuco  para acompañar las semillas; armaron sus altares de diversidad para que se revitalizaran con las energías de la luna durante la noche y del sol al amanecer.

Danzando en comunidad alrededor de la semilla./Graciela Ramirez

“Es tan bonito y tan importante, se trata de juntarnos, de entendernos, de criarnos mutuamente para darle fuerza y darle sentido a estos lugares. Hoy es un momento especial, el recibir la energía del sol hace que limpiemos nuestra glándula pineal y todos volvamos a tener mayor conciencia, por eso es importante que estemos aquí en momentos y fechas tan importantes”, explica Elena Pardo.

El 1 y 2 de diciembre fueron dos días de celebración del primer Watunakuy en Lima, donde más de cien personas llegaron a Puruchuco, convocadas para vivenciar, sentir, agradecer y comprenderse parte de un gran tejido entre personas, naturaleza y deidades en torno a la semilla, para volver a caminar juntos, y no perder esas relaciones, esos lazos, que nos conducen al reencuentro de encariñamiento para vivir bonito. Graciela Ramirez/Comunicaciones Aliadas

(1) Watunakuy. El ritual a las semillas para el renacer de la espiritualidad y la diversidad biocultural, en tiempos de crisis climática y de valores. CEPROSI, Cusco-Perú. 2015