Niñas, niños y jóvenes tienen un rol importante en la regeneración de la memoria colectiva y las sabidurías ancestrales

Integrantes de la REDINJUV-Perú participaron en taller preparatorio para el segundo Watunakuy que se realizará el 20 y el 21 de diciembre en el centro ceremonial Puruchuco en Lima.

“Son las niñas, niños y jóvenes quienes continuarán con esta labor de abrir caminos a las semillas con cariño a través de los rituales en los centros ceremoniales”. Con estas emotivas palabras Elena Pardo del Centro de Promoción de Sabidurías Interculturales (CEPROSI) se dirigió a los integrantes de la Red Infanto Juvenil por el Buen Vivir (REDINJUV).

A pocos días de realizarse por segundo año consecutivo el Watunakuy en el centro ceremonial de Puruchuco en Ate, niños, niñas y jóvenes de Arena y Esteras, MANTHOC y la Red de Comunicadores por el Buen Vivir participaron en el taller preparatorio para conocer más sobre la ceremonia ritual de encariñamiento con las semillas.

“¡Intillay! ¡Taytallay! ¡Killallay! ¡Mamallay!”, se escucha cantar en coro a los niños y jóvenes dirigidos por Elena Pardo, quien desde hace 13 años promueve la realización del Watunakuy en Raqchi-Cusco. Se trata del canto cariñoso al Sol y a la Luna que durante el Watunakuy se entonará para acompañar el camino de las semillas.

La emoción que estos cantos generaron en los participantes hizo que cuatro niños integrantes del MANTHOC decidieran asumir la comisión de canto y danza para el Watunakuy próximo.

Mientras los cantos llenan de alegría el ambiente, Gladys “Negrita” Lozano, fundadora de la Asociación Cultural Pachamama, que viene realizando grandes esfuerzos en la recuperación de los centros ceremoniales en Lima (huacas de Lima), va poniendo la mesa de ofrenda de los jóvenes, como una muestra de respeto, para pedir permiso y agradecer al Apu Puruchuco por recibirnos en el lugar.

Watunakuy en Puruchuco

Puruchuco, centro ceremonial asentado en el distrito de Ate Viarte, es considerado según los estudios del profesor Julio Valladolid, integrante del Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas (PRATEC), como un centro calendario, en el que los antiguos pobladores podían conversar con los astros como el sol, la luna y las estrellas para determinar días de siembra y cosecha.

“Nuestras culturas desarrollaron sus conocimientos y sabidurías en torno a la agricultura, la vida gira entono a la semilla, y se crecía escuchando a la Madre Tierra”, comenta Valladolid a los integrantes de la REDINJUV, “Y Puruchuco fue un lugar ceremonial para el intercambio de semillas, donde nuestros abuelos compartían la diversidad de semillas para criar”.

El Watunakuy es un encuentro cariñoso entre familias que se realiza para el intercambio ritual de las semillas que antiguamente se realizaba en los centros ceremoniales (huacas) para revitalizar el ánima de las semillas y tener una mejor siembra y cosecha.

Desde hace un año, se eligió Puruchuco para realizar la ceremonia ritual, como una forma de abrir camino al Watunakuy en otras ciudades del país, ya que sólo se venía realizando en Raqchi-Cusco con el acompañamiento de CEPROSI.

“Con su propio corazón sabrán que ha sido un lugar desde siempre sagrado, es un lugar donde se realizaban rituales. Los rituales no son supersticiones o creencias, sino, desde la manera de ver y sentir de los que hicieron estas construcciones, los rituales son manifestaciones de respeto a la Madre Naturaleza, a esta tierra que nos alberga, que nos está criando, son manifestaciones de cariño y las personas sentían un cariño que es el mismo que sienten por su madre biológica”, señala el profesor Valladolid.

Esta propuesta de llevar el Watunakuy a otros lugares distintos al Cusco fue una propuesta de los jóvenes de la Redinjuv en junio del año 2017, y desde ese año los integrantes de la Redinjuv Lima y de Tuni Requena en Puno vienen impulsando esta ceremonia ritual de la semilla en sus localidades.

 “Es importante ir enseñando a las nuevas generaciones, para que niñas, niños y jóvenes continúen abriendo estos caminos para la semilla, que revitalicen nuestras tradiciones propias y mantengan viva la memoria colectiva. Además, de seguir despertando estos lugares (centros ceremoniales-huacas) con rituales”, concluyó Elena Pardo.