BRASIL: Ciudad acoge a migrantes y refugiados

Campinas quiere ser reconocida como ciudad que abraza la migración laboral.

“Ayisyen mwen ye” significa “yo soy haitiano” en creole, reconocida desde 1961 como una de las lenguas oficiales de Haití, junto al francés. El creole es una mezcla de francés, dialecto taíno y palabras de origen africano, sobre todo de los idiomas yoruba, fon y ewé.

Esta mezcla lingüística es lo que más se oye antes de la clase de portugués en una sala montada en el bello edificio de estilo neoclásico en Campinas que durante décadas fue la sede de la Compañía Mogiana, una de las principales empresas ferroviarias brasileñas entre finales del siglo XIX y mitad del siglo XX.

El edificio que fue uno de los símbolos arquitectónicos del poder cafetero (que se desarrolló con mano de obra esclava) en Brasil ahora alberga un espacio en que los haitianos que dejaron su país debido a la pobreza o el terremoto del 2010 aprenden el idioma portugués, reciben informaciones sobre oportunidades de trabajo o, simplemente, se reúnen, refuerzan lazos, intercambian afectos.

El aula en que los haitianos reciben nociones básicas del portugués es uno de los varios servicios que la municipalidad de Campinas viene poniendo a disposición de los migrantes laborales que cada vez más llegan a la ciudad, la segunda más poblada del estado de São Paulo, con 1.2 millones de habitantes, y una de las más ricas del país: tiene el 12º presupuesto público más grande entre las más de 5,500 municipalidades brasileñas.

“Campinas fue construida y alcanzó expresión nacional e internacional gracias a la mano de obra migrante. Nada más justo que la ciudad procure recibir de la mejor forma posible la migración laboral”, afirma el alcalde Jonas Donizette, quien también se refiere a la destacada presencia histórica de las comunidades italiana, japonesa, alemana, española y portuguesa en la ciudad.

De hecho, los últimos censos demográficos confirman una significativa presencia de trabajadores extranjeros en Campinas y en la región metropolitana que esta ciudad encabeza, formada por 20 municipalidades y con 3.5 millones de habitantes. Es una de las más dinámicas y ricas de las 30 regiones metropolitanas brasileñas, como demostró el Atlas del Desarrollo Humano en las Regiones Metropolitanas, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Trabajadores altamente calificados
Según las estimaciones, hay 13,000 extranjeros trabajando en Campinas y la región metropolitana. Gran parte son trabajadores altamente calificados, y pueden ser incluidos en el grupo de migración laboral que la ciudad empezó a recibir desde la década de 1960, cuando Campinas y la región metropolitana comenzaron a recibir muchas filiales de empresas multinacionales, principalmente en el sector automotriz, química y alta tecnología en general, como 3M e IBM.

Este polo de empresas de alta densidad tecnológica fue formándose en paralelo con la instalación en Campinas y la región metropolitana de un importante polo científico, en la órbita de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), inaugurada en 1966. La propia Unicamp, recientemente considerada la mejor universidad de América Latina en el ranking elaborado por Times Higher Education (THE), fue construida con la contribución de investigadores y profesores extranjeros.

“La Unicamp debe mucho a la contribución extranjera, y en reconocimiento a ello es una universidad pionera en acoger a migrantes y refugiados desde la década de 1980”, recuerda el rector Marcelo Knobel, él mismo con una historia vinculada a la migración internacional y que sirve como una síntesis de tantos extranjeros que ayudaron a construir Brasil en diversas áreas.

Su familia de origen judío dejó Europa en busca de una nueva vida e inicialmente llegó a Argentina, de donde tuvo que salir, sin embargo, con la llegada al poder de los militares en la década de 1970. Knobel nació en Buenos Aires en 1968. Su padre, Mauricio Knobel, era profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) cuando aconteció el golpe de Estado de 1976 en Argentina. La familia decidió entonces mudarse a Brasil y llegó a Campinas, con una invitación a Knobel padre para dar clases en la Unicamp, como tantos otros extranjeros en aquel periodo.

El actual rector de la Unicamp es un claro ejemplo, por lo tanto, de la contribución extranjera a la consolidación de Campinas como importante polo científico y tecnológico. Pero la presencia de la migración laboral se siente en muchas otras áreas e instituciones.

Presencia latinoamericana
Otra universidad local, la Pontificia Universidad Católica de Campinas (PUC-Campinas), tiene muchos profesores e investigadores de origen extranjero. Es el caso de Adolfo Ignacio Calderón, de origen peruano. Es profesor de postgrado de la PUC-Campinas y consultor de la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP).

“Campinas y región son muy fuertes en investigación, y los profesionales venidos de otros países siempre han dado una importante contribución. Y continúan viniendo, atraídos por las oportunidades de investigación y desarrollo”, dice Calderón.

En el área cultural la presencia extranjera también es fuerte en Campinas. El director de la Orquesta Sinfónica Municipal de Campinas (OSMC), una de las más conocidas en el país, es el chileno Víctor Hugo Toro.

“Es una experiencia multicultural muy interesante, que es posible por el ambiente favorable en Campinas”, comenta Toro.

En las artes plásticas la contribución de los migrantes es igualmente fortísima en Campinas. El argentino Juan Carlos Carabetta es uno de los principales nombres de la fotografía local. Y la fotografía en Campinas es un arte tomado muy en serio. Según diversos investigadores, uno de los estudios pioneros en fotografía fue realizado en la ciudad, a principios de la década de 1830, por el pintor y científico Hércules Florence. Nacido en Niza, entonces perteneciente a Italia, Florence participó en Brasil en la célebre Expedición Langsdorff, que recorrió gran parte del interior brasileño, encabezada por el germano-ruso Georg Heinrich von Langsdorff. Al final de la expedición, Florence se radicó en Campinas, donde hizo sus estudios pioneros en fotografía y también en zoofonía, el estudio de los sonidos animales. Estuvo en el origen del polo científico y tecnológico de Campinas.

En otras artes la contribución extranjera es fundamental en Campinas. Uno de los espacios de las artes más conocido y visitado en la ciudad es la feria de artes y artesanía en el Centro de Convivencia Cultural, uno de los marcos arquitectónicos locales.

La feria se celebra en todos los fines de semana y entre otros expositores se destaca el trabajo de Fulvio Marano, que nació en Pescara, Italia. Son telas que evocan su tierra natal, pero también otros lugares de Europa, como el Café de Flore de París o el Big Ben de Londres. “Mediante el arte el ser humano expresa lo que siente, lo que ve. Y un plato de comida ya es arte, pues expresa una cultura “, dice Marano, que desde hace muchos años vive en Brasil. También publicista, trabajó muchos años en la Editora Abril, en São Paulo, antes de mudarse a la región de Campinas.

No muy lejos de Fulvio Marano, expone sus bellos brazaletes, pendientes y colgantes el chileno Eduardo Castro. Es un legítimo representante de la generación de los 60 y 70. Cuenta que vino a Brasil porque el ambiente político y cultural chileno estaba cada vez más enrarecido desde el golpe militar que depuso al presidente Salvador Allende el 11 de setiembre de 1973.

Su padre, Juan Castro, también era artista y trabajaba con madera. La habilidad para crear, para materializar una idea, está por lo tanto en su ADN. Como muchos “mochileros” de la época, llegó a Brasil por el sur hasta arribar a São Paulo. En la gran metrópolis, una verdadera universidad para Eduardo, se encontró con la legendaria feria de artesanía de la Plaza de la República.

En estos viajes, en estas paradas, conoció a su futura esposa, Silmara Rodrigues, de Dourados, Mato Grosso do Sul. El matrimonio tiene tres hijos, Olivia, Esteban y Juan, un homenaje al abuelo.

En la Plaza de la República, Castro descubrió su talento para trabajar con piedras y metales, de donde extrae sueños, fantasía, en forma de anillos, pulseras, collares y diversas otras piezas. Parece que cada una fuera escogida para el comprador, tiene la “cara” de él. Amatistas, ágatas, cristales, jades, abulones, el multicolor menú ofrecido por el artista encanta y abre portales de imaginación. Castro vive desde hace muchos años en la región de Campinas y expone en el Centro de Convivencia Cultural, el territorio que, con la gran presencia extranjera, hace justicia a su nombre.

Nueva ola migratoria
Son, pues, muchas las áreas de presencia y contribución de la migración laboral en Campinas, y su inserción es total en la vida comunitaria. Sin embargo, repitiendo lo que ha ocurrido a escala internacional, con un número cada vez mayor de migrantes, Campinas empezó a recibir un nuevo y diversificado flujo migratorio desde el 2010. Son ciudadanos del mundo, caracterizados como refugiados o inmigrantes, y es para ellos que la ciudad pasó a estructurar nuevos servicios.

Se estima en 1,600 el número de inmigrantes o refugiados en el flujo posterior al 2010. El mayor grupo, de 1,200 inmigrantes, es el de latinoamericanos y caribeños, incluyendo el más numeroso, de 900 haitianos. Pero también hay bolivianos, peruanos, colombianos, venezolanos y cubanos, muchos de los cuales se desempeñan en la ciudad y región como integrantes del Programa Más Médicos. Este programa es una acción del gobierno federal, resultante de una asociación con el gobierno cubano para que profesionales cubanos actúen en el Sistema Único de Salud de Brasil, preferentemente en regiones donde hay carencia de médicos.

El otro grupo más numeroso de nuevos inmigrantes en Campinas es el de africanos. Se trata de unos 250 ciudadanos originarios de Ghana, Congo, Senegal, Nigeria, Somalia y, como nuevo flujo, Angola.

Después vienen los inmigrantes de Medio Oriente y Asia. Son cerca de 150, de Palestina, Libia, Jordania, Pakistán y, lo más significativo, Siria.

La guerra civil que ya ha generado más de 5 millones de refugiados sirios ha sido seguida en todo el mundo, y en Campinas el drama se materializa en los casos de familias que llegaron a la ciudad. Es el caso de la familia Zinou, que llegó a Brasil en abril de 2014. Tras las dificultades esperadas de adaptación y enfrentamiento de los trámites burocráticos, la familia se instaló en Campinas y se hizo conocida al abrir un restaurante, con la sabrosa comida siria. El restaurante fue bautizado como Castillo, como un homenaje al Castillo de Alepo, uno de los más antiguos del mundo. Aleppo es la ciudad de origen de la familia Zinou.

“Hubo dificultades al principio, pero la ciudad ha sido generosa con nosotros”, dice Ayla Zinou, hija del matrimonio M. Suhib y Chaza, quien es médica y trabaja en hospitales de Campinas y la región metropolitana.

También hay extranjeros que ya vienen con visas de trabajo y situación definida, agregándose a los 13,000 trabajadores que residen desde hace años en la ciudad y región. Es el caso de la mayoría de los chinos, que llegan ante la presencia cada vez mayor de empresas chinas en el interior de São Paulo. Entre el 2003 y el 2013, el número de chinos con visas de trabajo en la Región Metropolitana de Campinas ha crecido de 23 a 365, según el Informe Anual de Informaciones Sociales del Ministerio de Trabajo y Empleo.

El más importante servicio público estructurado para atender a esta nueva ola migratoria en Campinas es el Servicio de Referencia al Inmigrante, Refugiado y Apátrida. Como destaca Fabio Custódio, director de Ciudadanía de la Secretaría Municipal de Derechos de las Personas con Discapacidad y Ciudadanía, el Servicio de Referencia trabaja en cinco ejes, para prestar amplia atención a los nuevos inmigrantes y refugiados.

En el eje Interculturalidad, procura facilitar el diálogo entre pueblos de diferentes orígenes y la sensibilización de la opinión pública por la tolerancia e importancia de la acogida de extranjeros. Otro eje es la Regularización de Documentación, con orientación a los ciudadanos e intermediación ante los organismos federales y estatales, para la regularización de documentos tales como pasaporte y permiso de trabajo. Un tercer eje, el de Atención Básica, abarca procedimientos para que los extranjeros puedan ser atendidos en los servicios de salud y asistencia social.

Cursos de portugués
El eje de Procesos Formativos ofrece varios cursos para los inmigrantes y refugiados. Es el caso de los cursos de portugués, que vienen siendo ofrecidos principalmente para los haitianos.

Hay cinco aulas para los haitianos. Las clases son diarias y siempre muy concurridas. Una de las salas es la ubicada en la antigua sede de la Compañía Mogiana de ferrocarriles. La ubicación es estratégica, pues en el mismo edificio funciona el Centro Público de Apoyo al Trabajador (CPAT), un órgano de la Secretaría Municipal de Trabajo y Renta. La proximidad del aula con el CPAT facilita la implementación de otro eje del Servicio de Referencia, el de Trabajo y Generación de Ingresos. Es el eje que se ocupa de la mediación de ofertas de trabajo a los extranjeros, particularmente para los haitianos que representan el mayor contingente de la migración laboral en Campinas. Gran parte de los haitianos ya insertados en el mercado de trabajo se desempeñan en el comercio, bares, restaurantes y panaderías.

Y fueron los haitianos el grupo más numeroso de inmigrantes que buscó, el último 20 de junio, los servicios ofrecidos por la Defensoría Pública de la Unión en Campinas, en la fecha en que se recuerda el Día Mundial del Refugiado. Visas de permanencia, procesos de naturalización y regularización de visas y permisos de trabajo son algunos procedimientos buscados por los haitianos ante la Defensoría, en otra demostración de la movilización local por la mejor acogida a los inmigrantes, refugiados y apátridas.

Pero Campinas quiere ir aún más lejos en la atención a la migración laboral, afirma el alcalde Donizette. Para ello la municipalidad acaba de firmar, junto con la Unicamp, la puesta en marcha en Campinas de la Cátedra Sergio Vieira de Mello.

La cátedra es una iniciativa del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que desde el 2003 busca promover la enseñanza, investigación y extensión académica orientada a la población en condición de refugio en las instituciones universitarias.

La Unicamp es la 18ª institución universitaria brasileña en adherirse a la Cátedra Sergio Vieira de Mello. En la ceremonia de firma de la asociación, el pasado 19 de octubre, en Campinas, la representante del ACNUR en Brasil, Isabel Márquez, dijo que en 16 instituciones ya existe la disciplina sobre Refugio en cursos que abarcan más de 1,000 alumnos. También en 16 instituciones hay grupos de investigación sobre Refugio, en nueve hay asesoría jurídica para extranjeros, en nueve hay servicios de salud para los refugiados e inmigrantes. En seis instituciones, dijo Márquez, hay servicios de inserción laboral de refugiados e inmigrantes.

Espacio para refugiados
En la Unicamp, donde en la práctica la Cátedra Sergio Vieira de Mello ya funciona desde el primer semestre de 2017, hay actualmente cinco alumnos en condición de refugiados. “Pero hay espacio para mucho más y vamos a trabajar para ello”, admite el rector Knobel.

La Cátedra Sergio Vieira de Mello se orienta originalmente a refugiados, pero como señala su coordinadora en la Unicamp, la profesora Rosana Baeninger, estará orientada a promover estudios e investigaciones encaminadas al perfeccionamiento de políticas públicas para atender a toda la población extranjera, sean refugiados, inmigrantes o apátridas.

“Este será uno de los grandes temas del siglo XXI, y una institución como la Unicamp y una ciudad como Campinas deben estar preparadas para ello”, afirma Baeninger, autora de varios estudios y libros sobre el tema.

Márquez, la representante del ACNUR en Brasil, piensa que hay espacio para que otras municipalidades brasileñas desarrollen legislaciones y políticas municipales sobre inmigrantes y refugiados, como ya ha hecho la municipalidad de São Paulo.

El 7 de junio del 2016, el entonces alcalde de São Paulo, Fernando Haddad, sancionó la ley de la Política Municipal para la Población Inmigrante. Con eso la mayor ciudad de América del Sur se convirtió en la primera ciudad brasileña en contar con una política de Estado sobre inmigrantes, abarcando también a refugiados, apátridas y familias.

“Campinas es una ciudad que busca acoger muy bien a los refugiados e inmigrantes”, dijo Márquez. “La Cátedra en la Unicamp y el apoyo de la municipalidad son ejemplos de ello”, concluye.

En el evento del 19 de octubre, Campinas también se adhirió al Pacto Universitario para la Promoción del Respeto a la Diversidad, la Cultura de Paz y los Derechos Humanos.

“El respeto al otro es cada vez más importante y el ambiente educativo es ideal para eso”, afirma Daniel de Aquino Ximenes, director de Políticas de Educación en Derechos Humanos y Ciudadanía del Ministerio de Educación (MEC), resaltando que acoger al migrante y al refugiado constituye parte de este concepto. El MEC es la instancia federal responsable del Pacto Universitario.

La cuestión de los refugiados y la migración despierta, de hecho, solidaridad en varios sectores de la sociedad de Campinas. Un ejemplo es la artista plástica Vera Ferro, una de las más respetadas en la ciudad, que acaba de presentar una exposición justamente sobre esta temática.

La exposición “Refugiados”, entre el 18 de agosto y el 18 de setiembre, tuvo un foco especial en la situación de los refugiados africanos que llegan a Europa, pero reflejó también una preocupación generalizada con la cuestión.

“La propuesta de la artista pasa por algo que podemos llamar estética del caminar. Las personas retratadas constituyen un libelo contra la violencia. Cargan en cada paso el peso de existir ante un presente poco favorable y un futuro imprevisible, sujeto a influencias políticas, sociales y económicas”, afirma sobre la obra Oscar D’Ambrosio, doctor en Educación, Arte e Historia de la Cultura y magíster en Artes Visuales.

“En la desesperación, yo necesitaba hacer algo”, dice Ferro, sintetizando la angustia que la motivó a hacer una serie de obras sobre una de las cuestiones más complejas y sensibles del siglo XXI.

Por lo tanto, son varios frentes, que abarcan diversos sectores de la comunidad y llevan a Campinas a adoptar medidas cada vez más acogedoras a la migración laboral. En el fondo, la ciudad que fue construida con una fuerte contribución extranjera estará respetando lo que prevé el Artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sobre el derecho al trabajo, y que está también escrito en criollo haitiano, el idioma que ha pasado a formar parte de la vida cotidiana de los habitantes de Campinas: “Tout mon gen dwa revandike dwa travay, gen dwa chwazi libreman travay li, nan de kondisyon ki bom, ki jis, ak pwoteksyon kont chomaj” (“Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”). —José Pedro Soares Martins desde Campinas / Comunicaciones Aliadas.

Leyenda/crédito de foto: Inauguración de la Cátedra Sergio Vieira de Melo en Campinas. / Martinho Caires